
Arrancó el semestre y fuimos a preguntarles a los residentes cómo viene la mano. Esto es lo que nos contaron, con sus palabras.

Media tarde en el living. Alguien pasa, se sienta, y la charla se arma sola.
Arrancamos
Este es el primer post del blog de Campus. La idea es simple: contar lo que pasa acá adentro, sin folletos ni frases de catálogo. Los que hablan son ellos. Nosotros preguntamos y anotamos.
Agosto, y de vuelta los horarios
Con agosto volvieron las clases, las entregas y esos horarios que en vacaciones habían quedado guardados en un cajón. Para muchos fue volver a la residencia después de unas semanas en casa. Para otros, la primera vez que la puerta que abren a la noche no es la de siempre.
Volver a la rutina es reacomodar todo junto: la facultad, el trabajo, la ropa, la comida. Se te amontona y ahí organizarse deja de ser un detalle. Pero bueno, vivir en una residencia también es eso: le vas agarrando la mano casi sin darte cuenta.
Así que fuimos a preguntar, ¿cómo es un semana acá adentro?, ¿qué momento zafa siempre?, ¿cómo hacen para que entre todo?
Nadie la vive igual
Todos comparten el mismo techo, pero cada uno la lleva a su manera. Están los que arrancan temprano para llegar a clase, los que lo combinan con laburo y los que aprovechan cualquier hueco para repasar o mirar un capítulo de algo.
“Las mañanas generalmente son uno de los momentos más organizados de la semana, porque comienzan las clases y responsabilidades. La tarde es más flexible porque puede usarse para estudiar, descansar o pasar con amigos.”
Delfina – Campus Jackson
Esa mezcla de horarios hace que la casa vaya cambiando de humor durante el día. Hay ratos en que los espacios comunes están en silencio total y otros en los que no cabe un alfiler.
Lucas, de Campus Pablo de María, tiene identificado el pico: los lunes. Están todos, todos arrancan la semana, todos van a la facultad, todos cocinan y todos usan las mismas cosas a la misma hora. El viernes afloja, muchos se van a sus ciudades por el finde y la casa baja un cambio.

Patio, mate y una pizza recién salida del horno. Poco más se puede pedir.
Y después está el domingo, que juega su propio partido.
“Los días de semana son iguales para mí, pero los domingos es cuando estamos todos más unidos. Todos nos levantamos tarde y cocinamos todos juntos. Es el día que más me gusta estar en la residencia”.
Agustina – Campus Pablo de María
Cada uno tiene su rincón
Encontrarle la vuelta al equilibrio entre lo que hay que hacer y el descanso es media carrera. Y cada uno tiene su truco. Están los de la sala de estudio, que necesitan silencio y cero interrupciones. Los que no se mueven de la habitación. Y los que se instalan en el living o en algún rincón que les quedó cómodo sin saber muy bien por qué.
“Estudiar en el solcito, ya que sirve para cambiar de ambiente y sentir más motivación”.
Lucas – Campus Pablo de María
La otra mitad del asunto es saber cuándo parar. A veces hay que desenchufarse un rato -una partida de pool, un mate en el patio- para volver al cuaderno con otra cabeza.

El pool no perdona, la tribuna, menos.
Aprender a arreglárselas
Vivir solo también es aprender a organizarse, y nadie llega sabiendo. La rutina se arma de a poco, y al principio cuesta.
“Al principio se me hacía más complicado, porque estaba acostumbrada a llegar a mi casa y que mis padres hicieran todo, pero con el paso del tiempo ya me acostumbré y lo supe equilibrar. Ahora ya sé manejar mi tiempo.”
Sofía – Campus Pablo de María
La buena noticia es que nadie la pasa solo. Compartir residencia es cruzarte todos los días con otros que están en la misma, con las mismas dudas y los mismos horarios raros.

La cocina: la esquina donde todos se terminan cruzando.
Lo que queda
Charlar en la sala hasta cualquier hora. Una partida de cartas que iba a ser cortita y duró bastante. Un partido mirado entre varios. Una tarde de mandarinas al sol. Son cosas chiquitas, de esas que nadie anota en la agenda, y son justo las que hacen que una rutina se convierta en otra cosa.

Tardes de mandarinas al sol, residentes y encargados.
Cada semana deja algo
Una semana acá puede empezar con un lunes a mil y terminar con un viernes tranquilo. Puede tener horas de estudio, días de trabajo, ratos de no hacer nada y también imprevistos que después quedan como anécdota.
No hay una única forma de vivirla: cada uno arma su propia versión y encuentra sus propios lugares. Pero hay algo que se repite. En algún momento la residencia deja de ser el lugar donde dormís y pasa a ser parte del día.
Ninguna semana es igual a la anterior, y ninguna pasa de largo. Cada una deja algo, y acá lo vamos a ir contando.
PD PARA LOS RESIDENTES: Este blog se escribe con lo que nos cuentan ustedes. Si te pasó algo que da para contar -una cena que salió mal, un examen salvado sobre la hora, una costumbre nueva de la casa- hablá con tu encargado o comunícate con nosotros, el equipo de Experiencia: Link para ser parte. ¡El próximo post puede ser el tuyo!
